La película resulta más interesante por los debates que despierta que por lo que muestra. Tal vez, no haya que olvidar lo que suele decir la genial escritora Liliana Heker: "Contar es recortar". Y Homo Argentum es un recorte superficial hecho más para vender que para pensar. Y no hay delito en eso. Quizá represente de manera más eficaz lo que somos la apropiación intensa y sobregirada que se hace de esta producción "privada" y "exitosa" que lo que esta intenta retratar a través de sus personajes.
En el epílogo de los turbulentos años ochenta Guillermo Francella irrumpió en la escena televisiva con su primer protagónico. El actor personificó a un carnicero de barrio en la recordada comedia De carne somos, que aún se puede ver por el canal Volver. En la tira costumbrista Francella empezó a fundar un estilo que lo llevó en las últimas décadas a ser uno de los íconos de la industria del entretenimiento. De Los Benvenuto a los Argento: el tipo que se sienta en la cabecera de la mesa y levanta la copa de vino en nombre de la familia o el que llega del trabajo con toda la mochila de problemas a cuestas por su situación económica y se descarga con los suyos. O el de Naranja y Media, un hombre que tenía una doble vida y dice amar a sus dos mujeres por igual. ¿Quién sino mejor que él para representar al ser nacional? Eso habrán pensado Mariano Cohn y Gastón Duprat, los directores de Homo Argentum, película que se estrenó el jueves pasado y rompió la taquilla del devastado cine nacional. Pero el paso del tiempo es inflexible para todos.
Intentar narrar el arquetipo nacional no es una empresa fácil en estos tiempos sin caer en las denostaciones de unos y en los elogios exagerados de otros, por supuesto. Pero Cohn y Duprat, que en su haber tienen creaciones como El hombre de al lado -tal vez la más lograda-, El ciudadano ilustre, y la reciente serie El Encargado, no son inocentes en esto, y Francella tampoco. En la sucesión de historias breves construyen un argentino pasionalmente hipócrita. Un hombre que habla de nuestras virtudes y minutos después causa un accidente y no se hace cargo; un presidente de la Nación que quiere escarparse de su lugar, un vendedor de dólares que estafa turistas; un vecino que lucha contra la inseguridad; un millonario que saca de paseo y le compra cosas a un chico que le pide plata; un cura villero que juega con el hambre de la gente del barrio; un director de cine demagógico que lucha en público por causa nobles; y más. Los microrelatos juegan con la satirización de la cotidianeidad para dejar algo de verosimilitud a través de los inverosímil.
Con todo esto, la película es una de esas que uno puede ver el domingo a la tarde con cierta ligereza después de la sobremesa familiar. Una especie de antídoto para transitar la angustia que surge antes de empezar la semana. Y no mucho más. Y no hay problema alguno con eso, no sería ni la primera ni la última. Pero en la escena nacional siempre las aguas bajan turbias. En esta ocasión el avispero se agita más por las condiciones de producción de la película que por la película misma, que no reviste mayor complejidad de composición ni de análisis: simplemente presenta una sucesión de estereotipos a través de una fórmula añeja. Pero, a razón de esto, lo primero que puede señalarse es el defasaje que existe entre la pretensión de ingenio y sofisticasión que sus directores creen tener para plasmar su visión y que en esta producción -y en muchas otras- no tienen. No hay nada novedoso en Homo Argentum, tal vez hubiese sido disruptiva en la época en la que Francella protagonizaba De carne somos, pero no en 2025.
Lo segundo son las declaraciones que viene teniendo el protagonista desde hace un tiempo sobre su visión del país y sobre la acuciante situación que atraviesa la industria cinematográfica. "No me gusta el cine que le da la espalda al público. Películas que van cuatro al cine porque ni la famiia del director va porque son obras de artes que no tienen identificación, o no representan a nadie", sostuvo el actor días antes del estreno, dejando en claro una visión del arte un tanto obsoleta, por utilizar un término amable. ¿Es más o representa con más virtuosísmo Homo Argentum que el cine de Raúl Perrone? En línea con esto, el año pasado el antes comediante le había dado un voto de confianza al presidente Javier Milei y eligió no cuestionar el desfinanciamiento del Gobierno nacional al INCAA, a contramano de las expresiones de la mayoría de sus colegas. Y este sábado, en el horario prime time, dio un paso más: en su cuenta de Instragram promocionó la película con una frase que lo pinta de cuerpo entero: "A disfrutar la vuelta al cine con una gran producción privada". Puede ser por esto arrojado y crucificado en el ágora de los malvados. Tal vez no. Pero sí sirve para situarlo en el lugar que elige tener a través de lo que elige interpretar y decir. Un actor con una trayectoria exitosa que hace de su exito un culto al merito propio y a los empresarios que lo contratan.
En suma, la película resulta más interesante por los debates que despierta respecto de la financiación o no del cine por parte del Estado o los argumentos que surgen para evaluar el valor artístico de una producción que por lo que muestra en sus 96 minutos de duración. Tal vez no haya que olvidar lo que suele decir la genial escritora Liliana Heker: "Contar es recortar". Y Homo Argentum es un recorte hecho más para vender que para pensar o profundizar miradas sobre nosotros. Y no hay delito en eso, pero tampoco muchos méritos para destacar. Quizá represente de manera más eficaz lo que somos la apropiación intensa y sobregirada que se hace de esta producción "privada" y "exitosa" que lo que esta intenta retratar a través de sus personajes.
¡Hasta la próxima!

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