En una profesión hiper precarizada y denostada por un tiempo que se nos viene encima, hoy hay más para reinvidicar que para celebrar, pero no perdamos la fe en la razón, en la ética y en la honestidad como horizonte profesional, y como un modo posible de habitar el mundo. Tomemos el ejemplo de Osvaldo Bayer, que en el intento de derribar un monumento suyo lo multiplicaron e hicieron más presente su legado. ¡Viva la libertad, periodistas!
La libertad es un concepto que desde hace algunos años fue apropiado, al menos así nos quieren hacer creer, por quienes hoy gobiernan el país. Esa apropiación implicó una resignificación feroz de la palabra, palabra que en algún tiempo supo defender hombres de la talla de Osvaldo Bayer. Si uno googlea rápidamente el significado del término libertad obtiene la siguiente respuesta: "Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos". Este desglose semántico viene a colación de destacar la contradicción fundante que hay entre quienes se apoderaron del término, y lo ejecutan desde el Poder Ejecutivo, y la versión más noble del significado. Es por eso que en el escenario caótico, exento de racionalidad, que es hoy el debate público se insulta a quiénes opinan de distinta manera, se persigue eventuales enemigos y se argumenta poco y nada. El argumento y la racionalidad pasaron de moda en la era de la intensidad violenta. "En democracia, la autocrítica no significa dar un paso atrás sino uno adelante", dijo el autor de La Patagonia Rebelde, a contramano de lo que hoy vivimos, o, mejor dicho, alguno padecemos, porque hay quienes todavía, pese a todo, siguen teniendo como horizonte un modo certeramente honesto de habitar el mundo.
Este preludio pesismista, sirve para destacar la importancia del ejercicio de un buen periodismo en la sociedad actual, al cumplirse hoy un nuevo aniversario de la fundación de "La Gazeta de Buenos Ayres". Haciendo un breve repaso por los acontecimientos periodísticos de este año, cabe recordar que nos encontramos allá por febrero con una escena dantesca protagonizada por el mismisimo presidente de la nación, Javier Milei, y el licenciado en Ciencias Políticas, otrora "periodista" y conductor, Jonathan Viale, quienes fingieron una entrevista cesuda para aclarar el escándalo desatado por el caso Libra. Ese montaje televisivo, que a este escriba le recordó al libro "Una novela criminal", del autor mexicano Jorge Volpi, es una metáfora burda y lamentable de este tiempo. Donde los roles del poder político y económico y del periodismo se entremezclan y se disuelven, y el segundo queda a merced de los designiios del primero, sin tapujos ni ocultamientos. Y la ética desaparece, por supuesto.
Otro hecho que tuvo como objetivo inconfundible esmerilar aún más nuestra profesión, es la frase enunciada por el primer mandatario: "No odiamos lo suficiente", destinada a nosotros los periodistas. Recordando que el presidente vomita este mensaje en medio del ataque que sufrió el fotógrafo Pablo Grillo por intentar registrar el operativo represivo de las fuerzas de seguridad contra los jubilados, quienes hoy para los adláteres de la libertad son ni más ni menos que la casta. Y lo que es peor aún es que la frase no fue solo una frase tirada al vacío de las redes sociales, sino que marca el ritmo de una atmósfera que va en detrimento del ejericio intelectual ético y honesto de la palabra y el pensamiento.
Pero no todo es caos, siguen sobreviviendo espacios donde la libertad vuelve a cobrar real valía, y no se emparenta con cobrarle menos impuestos a los ricos para vaciar el Hospital Garraham y la Comisión de Bibliotecas Populares. Este escriba la semana pasada fue a la presentación de la película "Ulises plebeyo", creada y dirigida por César González, que se realizó en el espacio Prisma de La Plata. Al momento de presentarla, la periodista Ana Cacopardo resaltó que la obra de César, cineasta y escritor prolífico, nos llena de incomodidad y esa incomodidad nos trae un sinfín de preguntas que nos ayudan a habitar mejor este mundo. Luego, González, contó cómo fue la experiencia de producción del documental, que se basó en un montaje de imágenes superpuestas y recolectadas por él mismo durante los últimos siete años; que van desde la esplendorosa Berlín al primer plano de un motín en en cárcel y una escena cotidiana protagonizada por un hombre metido de cabeza en contenedor de la basura, acompañada por la frase: "La riqueza de las naciones". Pero lo más interesante viene aquí: al justificar la ausencia de una voz en off y de otros artificios narrativos que guíen al espectador, César dijo que eligió dar "libertad" a quienes miren la película para que hagan su propia interpretación, y señaló además a este término como un valor imprescindible para el parte. Y esto tiene una estreche conexión con el ejercicio del buen periodismo, porque esta obra documental mencionada tiene mucha más realidad, noble y compleja realidad, que los productos periodísticos hegemónicos actuales.
Por eso colegas, en una profesión hiper precarizada y denostada por un tiempo que se nos viene encima, hoy hay más para reinvidicar que para celebrar, pero no perdamos la fe en la razón, la ética y la honestidad. Tomemos el ejemplo de Osvaldo Bayer, que en el intento de derribar un monumento suyo lo multiplicaron e hicieron más presente su legado. ¡Viva la libertad, periodistas!

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