El Gobierno nacional, envalentonado con su “éxito” inflacionario y demás índices económicos que acomoda en favor de sus dislates mesiánicos, decide semana a semana emprender distintas batallas, en escenarios insólitos, para sostener el engranaje de su modelo político, económico y cultural.
16 de enero, más de 35 grados y sin luz en gran parte de la ciudad de La
Plata. El infierno está encantador para este escriba y elige este momento
asfixiante para despertarse de su siesta productiva. No es que haya estado desviando
su ojo de la realidad vernácula en todo este tiempo, nada de eso. Eligió un apacible
reposo para aclarar las ideas, así como lo hizo alguna vez el Virrey Carlos Bianchi
cuando estuvo 8 años sin dirigir. “Estoy durmiendo una bella siesta”, repetía cada
vez que le consultaban sobre su receso momentáneo, el que nunca debió haber
abandonado. Pero no se alarmen, en este
caso fueron sólo algunos meses, y por supuesto, nadie más que quien escribe se
dio cuenta de este anodino suceso.
Por estos lados las cosas no han cambiado mucho. El Gobierno nacional, envalentonado
con su “éxito” inflacionario y demás índices económicos que acomoda en favor de
sus dislates mesiánicos, decide semana a semana emprender distintas batallas,
en escenarios insólitos, para sostener el engranaje de su modelo político,
económico y cultural, que hasta el momento le viene dando más réditos de lo que
muchos esperaban. Habría que aclarar esto de los “réditos”, pero se lo dejamos
a otros analistas más serios.
En el marco de la avanzada de la tropa libertaria contra todo lo
relacionado con la Educación Sexual Integral (ESI), en la primera semana del
año el Ejecutivo dio de baja del portal Educ.ar la canción “Hay secretos” -entre
muchos otros contenidos- del grupo música infantil Canticuénticos. El tema
musical que inquietó a las autoridades busca, ni más ni menos, enseñar a niños
y niñas a expresar y denunciar situaciones dolorosas, y en Neuquén cumplió este
sustancial objetivo: se develó a través de la canción el caso del abuso de un
menor. Así fue cuando un profesor de música de primaria la compartió en clase y
una alumna de siete años llevó el tema a su casa, donde una de sus hermanas
encontró en el mensaje de la canción el impulso para contar que había sido
abusada por un vecino. La jueza del caso, Carolina González, incluso reprodujo
la canción en la sala de audiencias durante el veredicto.
El tema “escandaloso” dice así:
“Hay secretos chiquititos / Que te invitan a jugar / Y hay
secretos tan enormes / Que te
vienen a asustar/ Hay secretos livianitos / Que te llevan a volar
/ Y hay secretos tan pesados / Que no dejan respirar / No
se tienen que guardar / Los secretos que hacen mal / No se tienen que guardar / Los
secretos que hacen mal / Si no alcanzan las palabras / Para lo que hay
que contar / Inventemos otro idioma / Siempre te voy a escuchar /
Acá estoy / Quiero ayudarte, sé que decís la verdad / Ya no
habrá que andar con miedo / Porque te voy a cuidar / No se tienen
que guardar / Los secretos que hacen mal / No se tienen que
guardar/ Los secretos que hacen mal / No se tienen que guardar
/ Los secretos que hacen mal / No se tienen que guardar/ Los
secretos que hacen mal/ Ya no habrá que andar con miedo/ Porque
te voy a cuidar”.
Esta decisión, injustificable, tal es así que el Gobierno libertario
retrocedió en chancletas y repuso la canción al portal Edu.car, luego de las
manifestaciones de reprobación a su accionar, le hace a este
escriba recordar una sesuda reflexión que el siempre sagaz Jorge Asís vertió en una de
sus columnas en Clarín, al referirse a la censura que existía en el país durante
la última dictadura cívico militar. Luego de ver en Uruguay una serie de
películas que aquí estaban prohibidas, el Turco disparó con su mejor arma, la
palabra:
“Por lo menos una vez por semana se brinda a tantos miles de argentinos la
posibilidad de compartir una de las obras de arte más bellas y valiosas, una
película, Manhattan, así nomás en blanco y negro, concebida e interpretada por
un genio, Wody Allen. Es que en nuestro terruño, lamentablemente, aún no la
pudimos ver, y probablemente por un tiempito no podamos así que en la península
este lujo se debe aprovechar. Sin embargo, nunca -decía una tía que finalmente
murió soltera- hay que perder las esperanzas, en principio porque las grandes
obras de arte no son vulnerables a los rigores de envejecimiento, y los señores
de las tijeras, esos que tanto nos cuidan, afortunadamente, sí”.
Este episodio es sólo uno de los que el Gobierno nos tiene acostumbrado, hay tantos otros de ese estilo, como el ataque perpetrado por sus alfiles y por el mismismo panelista entronizado en mandatario contra la actriz Cecilia Roth. Y otros, que revisten aún mayor gravedad, como el de los despidos en los hospitales Posadas y Bonaparte, que tendrán consecuencias sociales inconmensurables. Hechos que merecen más líneas de las que aquí se les concede. Pero este escriba sufre la falta de suministro eléctrico y se le está por terminar la batería de su computadora, por lo que deben abandonar su epopeya narrativa y volver a su apacible descanso, rezando que vuelva pronto la luz.

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