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Las aguas bajan turbias

Javier Milei cimenta su conducción y su ejercicio de la política en un escenario ficcional que se materializa en una acción trascendental, que hasta el momento le da sus frutos y adormece a la oposición: la destrucción del lenguaje. 



Las aguas bajan turbias es una película argentina dirigida por Hugo del Carril, estrenada 1952 y basada en la novela 'El río oscuro' de Alfredo Varela. La trama retrata la explotación y las duras condiciones de vida de los trabajadores en los yerbatales de Misiones, conocidos como los "mensúes". La película se transformó en un ícono del cine social argentino porque fue la primera en denunciar las injusticias sociales y en visibilizar un fenómeno político de gran relevancia: la formación de un sindicato de trabajadores para emprender una rebelión sin precedentes contra los impiadosos patrones y capataces.  El título y los hechos que narra el film sirven para hacer una parábola con este presente distópico que atraviesa el país. La crueldad es un rasgo identitario trascendental en la forma de conducir y hacer política del actual Gobierno, pero a diferencia de los mensúes, la sociedad argentina parece sedada, o lo que es peor aún, cautivada por el escenario ficcional que construyó la gestión libertaria para tapar el sol con las manos.


Las aguas bajan turbias (película completa)




Mientras gran parte de la conversación pública giraba en torno al escándalo protagonizado por Alberto Fernández y Fabiola Yañez, dos sucesos de enorme relevancia captaron la atención de muy pocos: esa porción de la sociedad que se hizo portavoz de causas minoritarias (lamentablemente). Por un lado, el Gobierno disolvió la Unidad especial de investigación de la desaparición de niños como consecuencias del accionar del terrorismo de Estado (UEI), dependiente de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), organismo creado en 2004 bajo la órbita del Ejecutivo Nacional que se encargaba de colaborar con Abuelas de Plaza de Mayo en el hallazgo de sus nietos desaparecidos durante la última dictadura militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”. La justificación del Gobierno para cerrarlo fue que como dependía del Poder Ejecutivo "violentaba el régimen constitucional de división de poderes porque llevaba a cabo funciones propias del Poder Judicial desde el Poder Ejecutivo", por lo que "violaba atrozmente el derecho fundamental a la intimidad de los argentinos" Sí leyó bien, "el derecho a la intimidad". Increíble, pero real. Y eso no es todo, porque este hecho sucede al mismo tiempo que se conoció la visita de diputados libertarios a genocidas que se encuentran en la cárcel y el avasallamiento que el Gobierno dispuso desde diciembre contra la Universidad de las Madres, Casa de Estudio que sigue con sus actividades gracias a la resistencia heroica de los docentes y no docentes que la componen.

Por otro lado, un estudio realizado por Unicef reveló que la situación económica y social en la Argentina es de tal gravedad que 1 millón de niños y niñas se van a dormir sin cenar. A la vez, el trabajo del organismo internacional graficó el trasfondo que atraviesan las familias de bajos recursos económicos ya que indicó también que 1,5 millón de chicos y chicas se saltea alguna comida durante el día porque sus padres y madres no tienen para comprar. No hay que olvidar que el último estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica (UCA), ya había dicho que el 54,9 por ciento de la población es pobre y el 20,3 indigente. Pero de acuerdo a Unicef, la situación de la pobreza en las infancias trepó a niveles muy elevados. En lo que va de 2024, el 70 por ciento de los niños vive en situación de pobreza y el 30 bajo la pobreza extrema, según sus datos.

Estas cifras parecen ajenas al universo que habitan el presidente Javier Milei y los suyos, que más allá de transitar una interna a cielo abierto que hace crujir sus horizontes políticos, siguen enunciando un diagnóstico de su gestión que tiene tintes de ficción (de terror). Al referirse, a la decisión de vetar el aumentó a las jubilaciones que se había materializado en el Congreso, el primer mandario sostuvo que aumentar las jubilaciones de $295.000 ($225.000 + $70.000 de bono) a $315.000 le costaría al Estado US$370.000 millones y representaría un 62% del PBI. Es decir, según Milei aumentarle $20.000 por mes a cada jubilado de la mínima, costaría unos $10 millones por habitante. Este razonamiento insólito, enunciado con firmeza doctoral por el presidente, que en otros tiempos hubiese provocado un aluvión de críticas, por la decisión misma de veto y por la justificación increíblemente falsa, no revistió mayores críticas y se disolvió rápidamente en una realidad vertiginosa que muchas veces ayudan a que estos dislates queden en el olvido. 

Pero también hay otra explicación para este fenómeno que acontece en el escenario social y político. La validación de Milei tiene un fundamento que requieren explicaciones más sofisticadas y Gabriel Elías Ganón, ensayó una en su cuenta de X que vale la pena citar. Según este usuario, abogado y profesor en criminalística, la virtud de Javier Milei reside en "la destrucción del lenguaje" que lleva adelante.  "Primero destruyó el lenguaje, con la destrucción por ejemplo de los conceptos de verdad/mentira, bien/mal, etc. Estos términos dejan de tener sentido social y este es el gran cambio cultural al que apuesta Milei", sostiene Ganón. Y profundiza: "Miente todo el tiempo no necesariamente para que le crean sino para que los criterios de verdad, el respeto por la palabra, la comunicación política, pierdan todo valor y la sociedad se sumerja en un descreímiento total. Ese es su objetivo". Para emprender un batalla eficaz desde la oposición, entiendase el peronismo y el movimiento nacional y popular, es necesario volver a solidificar y robustecer mediante la acción política un viejo axioma aristoteliano pronunciado por Perón: "La única verdad es la realidad". Para ello, es imprescendible salir de la letanía en la que mucha dirigencia y otros actores sociales se sienten cómodos y apoderarse de una rebeldía que desande caminos alternativos a este presente, esa rebeldía que allá a lo lejos en el tiempo tuvieron los mensúes, la que los ayudó a convertir en realidad su utopía.


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