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El fetiche por la crueldad y la indignación selectiva

El hecho de violencia contra Fabiola Yañez por parte de Alberto Fernández, totalmente repudiable sin objeción alguna, al igual que otros escándalos similares convocó a ciertos adalides de la moral que sólo buscan nutrirse políticamente y que poco tienen que ver con la lucha contra la violencia de género. Todo lo contrario, pusieron su granito de arena para minimizarla y denostarla.






El martes por la tarde se conoció que Fabiola Yañez denunció a su expareja y expresidente de la Nación, Alberto Fernández, por violencia de género. Si bien desde hacía algunos días habían trascendidon las filtraciones de unos chats que indicaban el hecho, la bomba explotó cuando la exprimera dama formalizó desde España su demanda ante el juez Julián Ercolini por "lesiones leves en contexto de violencia de género" y "terrorismo tecnológico" contra quien ocupó el sillón de Rivadavia hasta el pasado 10 de diciembre y con quien tuvo un hijo en abril del 2022. 


Como suele ocurrir, detrás de la noticia surge la maquinaria del escándalo cirquense y comienza a rodar a gran velocidad la rueda de la crueldad y la indignación selectiva. En un contexto en el que el actual Gobierno desmanteló gran parte de las acciones estatales y políticas públicas contra la violencia de género, fue el vocero presidencial, Manuel Adorni, uno de los primeros en manifestarse: "La línea 144 está abierta las 24 horas para asistir a todas aquellas personas que sufren violencia por motivos de género". El mensaje del funcionario se lee más con una más de sus tantas provocaciones que como una acción solidaria. A esta altura del partido no sorprende, lamentablemente.


Pero no fue el único en alzar el dedo. Quien se manifestó con el mismo tino, fue la diputada María Eugenia Vidal, que no titubeó en acusar al kirchnerismo de "encubrir" a Alberto Fernández y como si esto fuera poco sostuvo que el movimiento político que lidera Cristina Fernández de Kirchner "uso al Ministerio de la Mujer para encubrir sus propios delitos". Tal vez en el apuro por sacar rédito de esta situación, la exgobernadora olvidó de solidarizarse con la víctima. Tal vez...




Y mientras este escriba estaba terminando de escribir estas líneas, Javier Milei se expresó al respecto en su cuenta de Twitter, su canal de comunicación por excelencia. Bajo el título "la hipocresía progresista", el mandatario le dedicó unos párrafos al asunto y se adjudicó el logro de terminar con "la estafa" de lo que sus adversarios llamaron "políticas de género". 

"La solución para la violencia que ejercen los psicópatas contra las mujeres no es crear un Ministerio de la Mujer", afirmó el expanelista televisivo. ¿La solución sería entonces reducir al mínimo la acción estatal señor presidente?

Entre otras tantas sentencias, que a su modo de ver el mundo son "incuestionables", el presidente aseguró que el kirchnerismo "utilizó causas nobles como estas para hacer política y defender sus negocios".  Pero, ¿de quién es la hipocresía?  (Vea el apartado el desmantelamiento libertario y responda)








Hubo más testimonios del mismo tenor, pero estos dos representan de modo fiel el estratagema de cierto sector del arco dirigencial, que repite siempre el mismo modus operandi. El hecho de violencia contra Yáñez, totalmente repudiable sin objeción alguna, al igual que otros escándalos similares convocó a ciertos adalides de la moral que sólo buscan nutrirse políticamente y que poco tienen que ver con la lucha contra la violencia de género. Todo lo contrario, pusieron su granito de arena para minimizarla y denostarla.


Está más que claro que ante un caso de violencia primero está la credibilidad del testimonio de la víctima, la expresión de solidaridad y las herramientas que debiera tener el Estado- ahora debilitadas por decisión del Gobierno de Milei- para contenerla y ayudarla a transitar este momento. Luego está el castigo judicial hacia el perpetrador, si es hallado culpable, y el consecuente repudio a su accionar y la merecida condena social. Pero debería también ser condenado el intento por obtener ganancia política en este tipo de situaciones. Más allá de quién sea la víctima y quién el culpable. 


El desmantelamiento libertario

El 10 de diciembre el flamante presidente Javier Milei firmó el decreto 86/2023 a través del cual estableció un reordenamiento institucional de los ministerios: creó el de Capital Humano y allí incluyó una Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, en reemplazo del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades. El 24 de mayo pasado la subsecretaría fue trasladada al Ministerio de Justicia. El punto de culminación para finalmente erradicar por completo esta agencia estatal fue el 6 de junio, cuando se anunció su cierre definitivo.

Desde entonces, la subsecretaría no fue reemplazada por otra área que trabaje violencia de género a nivel federal, ni en cuanto a prevención, establecimiento de políticas públicas o atención. 

Tampoco se ha dado continuidad a los diferentes programas y planes de prevención y abordaje de la violencia de género desarrollados por el Ministerio a través de otra dependencia estatal. En definitiva, el actual gobierno está desconociendo los compromisos normativos nacionales e internacionales en esta materia.

Es la primera vez desde la recuperación de la democracia en 1983 que no existe a nivel federal una institucionalidad que atienda las políticas de género.

(Texto del Centro de Estudios Legales y Sociales)


En ese sentido, otro matiz no menor que se desprende de este caso es que décadas atrás una denuncia como la de Yañez contra un expresidente no hubiese cobrado la relevancia que hoy tiene, no hubiese pasado las fronteras de la violencia doméstica. Para que esto suceda existieron en estos años políticas públicas de un Estado con vocación de intervenir ante las desigualdades que sufren los más vulnerables, que justamente se diferencia mucho de este Estado libertario, y también emergieron, con un vigor sin igual, luchas colectivas de mujeres que apuntaron fuertemente contra la violencia machista. Estas mujeres exclaman desde hace tiempo un grito desesperado para poder vivir en un mundo libre de violencias. Seguramente ellas tengan mucha más legitimidad para manifestarse que los Milei, los Adornis o las Vidal, y tantos otros, que hoy lucen conmovidos ante un flagelo que hasta ayer ignoraban.



Fin.

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